Presentacion Jesuitas de Loyola Ser Jesuita Espiritualidad ignaciana Acceso para Jesuitas Enlaces de interés Multimedia
Jóvenes Educación Pastoral Acción Social Medios de comunicación correo web Mapa web
 
  Algunos compañeros nos cuentan por qué son jesuitas

  Jon Sagastagoitia

 Michael Pastor

 Pello Azpitarte

 
         
 

Jon Sagastagoitia

Años antes de ingresar en la Compañía, llegó un momento en el que percibí que la vida se me “escapaba de las manos”: trabajo sí, pero los compromisos me “arrastraban” sin apenas contar conmigo; vivir justo el presente, sin soñar utopías; familia y amigos sí, pero sin dar muchas oportunidades a que me demostraran su cariño; hacer y hacer... y lo que es peor, pensaba que tenía que ser así, y procuraba vivir lo mejor posible, con cierta austeridad, y procurando no hacer sufrir a los que me rodeaban. Lo del refrán: “cada uno en su casa, y Dios es la de todos”. ¿Era este modo de vida el que me hacía ver a Dios, juez implacable que aguarda al final para dictar sentencia, o era la imagen de un Dios fuera de la vida diaria, la que me hacía vivir así? Da igual. Lo principal es que por circunstancias de la vida, llegó un momento en el que de golpe, comprendí y empecé a experimentar que el amor del Padre es aquí y ahora. 

Ese instante marcó un antes y un después. Sentir la compasión del Padre me llevó a relativizar las cosas de la vida, y comencé a vivir una alegría especial, que me llevó a cuestionarme si estaba aprovechando la vida que Él me había regalado. Así, poco a poco, fui reconociendo situaciones en las que sentía llamada; donde más, entre las personas machacadas por la pobreza y la injusticia. Esos panoramas me incitaban a implicarme en el cambio, a acompañar. Era a la vez, dolor por contemplar la injusticia y esperanza de que se podían cambiar la situación; quizá cierto sentimiento de culpabilidad si cerraba los oídos a esa llamada... 

Comencé a reconocer la alegría del Evangelio; a contemplar la vida de Jesús, que poco a poco, me iba “enganchando”. ¿Y si diera un giro a mi vida para vivir más al modo de los discípulos? Estas cuestiones fueron ilusionándome más y más. Y hoy, casi cinco años después de ingresar en la Compañía, creo que lo que más caracteriza mi vida como jesuita es la alegría. La alegría de sentir que estoy caminando por donde Dios me prefiere. Puede que esta alegría sea el efecto de sentir que vivo con más coherencia lo que me pide el corazón: más comprometido con los demás.

 ¿En qué sentido ha cambiado tu vida?
Ciertamente han cambiado algunas ocupaciones y escenarios. Por ejemplo, antes, la oficina, y ahora, los estudios de Teología; antes, llegar a mesa puesta, ahora, encargarme de la compra; antes, mirar los “reality shows” para saber qué pensaba y cómo vivía la gente, y ahora pidiendo a Dios por las intenciones de tantas personas con las que comparto algún momento del día; antes, el ansia de llegar al fin de semana, ahora, disfrutar de lo que trae el día, antes apenas dedicaba tiempo para preocuparme por los demás, ahora, la oportunidad incluso de pasar tres meses colaborando con Fe y Alegría en Perú, (como me ocurrió el verano pasado)...

Pero lo que ha cambiado de manera especial ha sido la manera de vivir lo que se presenta en el día, esto es, los detalles de lo cotidiano: estudiar Teología, preparar y acompañar la catequesis de unos chicos y chicas que se van a confirmar el próximo año, participar en el grupo de ayuda a inmigrantes, colaborar en la Pascua para jóvenes en Bilbao, preparar una charla sobre Jesús para los padres de los que van a hacer la comunión...
Muchas mañanas, al despertar, me percato de que no se trata de un día más para pasarlo sin pena ni gloria, sino un montón de ocasiones, muchas no previstas, de vivir situaciones como las de Jesús en los Evangelios: con mis compañeros de casa, con los vecinos del barrio, en la Universidad, con mi familia, en el grupo de confirmación, en el grupo de inmigración, en la llamada del colega que hacía meses que no sabía de él, con Jorge y con Wendy, que tratan de reinsertarse después de unos años en la cárcel, con Juan, y su ilusión por sacar adelante su Proyecto Hombre, etc. Quizá suene un poco exagerado, pero sí, muchos días, al saltar de la cama, me da un “subidón” al pensar en la novedad del nuevo día. Pido a Dios que me dé la sensibilidad para reconocerle aún en lo que me parece más rutinario, y aprender a hacer la vida más feliz a los otros. Ya sólo pensar en las personas con las que voy a estar, es como si Yahvé me dijera “quita las sandalias de tus pies, porque el lugar en que estás es tierra sagrada”

¿Qué respuesta tienes ante el sufrimiento, ante el dolor?
No tengo respuesta mágica. Pero me interpela y me llama a acercarme a quien lo está pasando mal. Sin consejos vacíos, pero con ternura. Y esa misericordia es don de Dios. Y es la que ayuda a integrar el dolor. 
Tomado de www.jesuitas.es

 
     
   

Michael Pastor

 subir  
  Nací en Bilbao y provengo del movimiento eskaut en el que crecí como cristiano. En él me habían puesto mis padres creyentes sinceros de tiempo de cambios. Lo vivido en la familia y en el escultismo me hizo buscar mi lugar en el mundo. Fueron una ayuda vital los Ejercicios, piedra angular de la espiritualidad ignaciana, tanto jesuítica como la de CVX (laica), donde estuve.

Así allá por 1996 marché a Zaragoza al noviciado de los Jesuitas y empecé a comprobar el camino al que me había sentido elegido. Y cada año he sentido una confirmación a seguir, tanto estudiando Teología en Bilbao, en la misma universidad donde ya había hecho Empresariales, como luego en Donostia, donde he verificado que la misión tiene sus modos y hay que confiar mucho.

Creo yo que es una osadía que te ordenen sacerdote, al servicio de Dios y los hombres y mujeres. Y soy tan osado porque me he sentido llamado a serlo por vosotros y por Dios. En una ocasión sentí miedo y angustia por perder a Dios. Fue haciendo oración en Ejercicios. Y algo o Alguien me hizo abrirme y confiar. En otra ocasión, sentí el mismo miedo sin tanta angustia. Fue haciendo filosofía que me dije: «A ver si ahora que he optado por ti no vas a existir». Y algo o Alguien me hizo abrirme y confiar. El resultado fue vivir así, abierto y confiado, y sobre todo agradecido del regalo de la vida, de la fe y de la razón, sin miedo. Este regalo, a mis 33 años, es el que me impulsa a intentar ser servidor de Dios y de vosotros desde el ministerio presbiteral, y ser tan osado.

.
 
   
 

Pello Azpitarte

 subir
 
 

Soy Pedro Azpitarte Iribar, aunque normalmente la gente me llama Pello. Soy el mayor de 4 hermanos y actualmente tengo 32 años. Además resulta que soy jesuita y que estos años estoy destinado al colegio San José-Jesuitak de Durango a trabajar dando clases y colaborando en la pastoral del centro.

¿Cómo he llegado a este punto? 
Creo, que mi vida, al igual que la del resto del mundo, es un pequeño milagro que Dios ha ido haciendo a lo largo de los años. Me regaló una estupenda familia que me ha enseñado a ser persona, a ser una persona capaz de amar y de ser amado. Me ha regalado unos amigos que no me merezco, unos amigos que son amigos de los de verdad, con quienes pasarte bien, pero quienes dan la mano a quien se cae. Me ha regalado una educación que tampoco me he merecido, destaco los 12 años en el colegio San Ignacio de los jesuitas, en San Sebastián. Allí me he conocido mejor, allí he aprendido muchas cosas, pero sobre todo he aprendido a ser feliz estando al servicio de los demás. Tuve experiencias como entrenador (por cierto bastante malo) y como monitor de tiempo Libre. El campamento sería la imagen que mejor expresa ese sentimiento cercano a la felicidad, allí a los pies del Ezkaurre, con chavales, con compañeros y compañeras creando una comunidad que podía decir que otra vida es posible, y así que también podía decir que otro mundo es posible. El milagro continuó levantándome de una crisis de juventud, y llamándome poco a poco a lo que parece que apunta mi vida, la Compañía de Jesús.

¿Por qué jesuita? 
Alguna vez suelo decir que soy hijo de la Compañía, 12 años en el cole de jesuitas, después en CVX, y siempre en enredos cercanos al colegio, pero eso sólo explica el conocimiento que tenía de la Compañía de Jesús. Hay tres grandes razones: la primera es la experiencia de estar al servicio, o estar ayudando a los demás, especialmente en el campo de lo educativo. La segunda y que concreta la elección, es el tratar de ayudar en grupo, en comunidad estructurada ya que mi experiencia vital apuntaba a que necesito de una estructura para poder funcionar mejor. Y tercera, y más importante, es sentir que Dios, Jesús, me quiere de una manera especial y sentir de ese modo el amor. Probablemente esta sea la razón menos clara, pero creo que es la razón que se convierte en motor de las anteriores. Recuerdo con claridad el momento en que en Loyola, en diciembre de 1995 decidí solicitar mi ingreso en la Compañía de Jesús.

¿Por qué sacerdote? 
El lema de nuestra invitación es No he venido a ser servido, sino a servir. Este lema indica por donde apunta el modo del sacerdocio al que me siento llamado. El sacerdocio del jesuita tiene un rasgo propio que apunta más al tema de la misión, y es desde ahí donde se comprende otros rasgos del sacerdocio tales como la proclamación del evangelio (dar buena noticia), el tema de animar comunidades, pero sobre todo estos días subrayo el aspecto de la reconciliación. 
Todos tenemos experiencia de ruptura, en nuestro corazón, en las familias, en nuestra sociedad, en nuestro mundo injustamente partido; yo en concreto estos años vivo la experiencia de adolescentes rotos antes de empezar a disfrutar de la vida. Todo ello apunta a que el sacerdocio para mí tiene sentido y me llama a ejercerlo desde esta experiencia de un mundo que necesita reconciliarse, que necesita palabra esperanzada y buena noticia. 

También me siento llamado a servir a una Iglesia que tiene dificultades para hacer presente su misión de sacramento de comunión. Pero este regalo, este milagro que el Señor ha ido haciendo, se realiza gracias a mucha gente que ha servido de mediadora: mis padres, hermanos, amigos, jesuitas, toxicómanos, presos, compañeros, inmigrantes... Todos ellos me han ido descubriendo poco a poco el rostro del Señor y por ello me comprometen mucho más en su camino. A partir de ahora, en mi caso, siendo presbítero jesuita.

 
 

  subir

 
 
Inicio - Contacto - Página web oficial de la Provincia de Loyola - 2008