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  Después del noviciado, una vez emitidos los votos de pobreza, castidad y obediencia, el jesuita prosigue su formación (juniorado, filosofía, magisterio, teología y tercera probación) hasta la profesión o últimos votos.  
 
  EL PROCESO DE FORMACIÓN

 

La formación del jesuita tiene un fin apostólico y se articula en tres etapas principales:

  • el noviciado que sienta las bases de  la espiritualidad e identidad del jesuita;
  • el estudio académico (juniorado, filosofía y teología)
  • la escuela de los afectos que es objeto principal en la tercera probación.
 

Queda sin embargo otra etapa, generalmente antes de cursar los estudios de teología o después de acabados los estudios; esta etapa se denomina magisterio y tiene por objeto poner en práctica los elementos recibidos en la formación e insertarse más de lleno en el apostolado de la Compañía.

ETAPAS

  NOVICIADO

Durante dos años se colocan las bases de la que será la vida religiosa del jesuita a partir de la experiencia de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio, del estudio de las Constituciones y de la Historia de la Compañía; de la vida comunitaria y de una pequeña inserción en el apostolado. El Maestro de Novicios acompaña a cada joven en el discernimiento de su vocación para que esta sea cada vez más clara y libre.

  JUNIORADO

Es un tiempo orientado primordialmente al estudio de lenguas, la formación humanista y una iniciación básica a las ciencias humanas teniendo siempre en cuenta siempre la finalidad apostólica.

  FILOSOFADO Y TEOLOGADO

Estos estudios normalmente se realizan en un período de dos o tres años para la filosofía y cuatro de teología. En esta etapa se debe impulsar la inculturación y la universalidad propia de la Compañía: “Durante toda la formación, principalmente durante los estudios filosóficos y teológicos, debe fomentarse una inculturación profunda y auténtica, según las diversidades regionales, participando en la vida y experiencia de los pueblos en que se realiza el propio trabajo y procurando comprender desde dentro su cultura; pero al mismo tiempo hay que cuidar la unión de mentes y ánimos en la Compañía, basada en la genuina espiritualidad ignaciana, fomentando el espíritu auténticamente universal propio de nuestra vocación con experiencias diversas, participando, por ejemplo, en encuentros internacionales de los que están en formación o realizando etapas de formación en alguna cultura diversa de la propia” (Normas Complementarias 110).

  MAGISTERIO

La finalidad propia de esta etapa es contribuir a la madurez religiosa y apostólica. Esto supone una serie de actitudes como la disponibilidad, la responsabilidad, el discernimiento, el espíritu de equipo, la generosidad, el deseo de aprender, la aceptación de sí mismo y de los demás.

El magisterio se ha realizado generalmente por medio de un trabajo de docencia en un colegio, pero también pueden incluirse otro tipo de actividades apostólicas y la labor en misiones.

  TERCERA PROBACIÓN

La tercera probación es la última etapa de formación antes de ser admitido definitivamente en la Compañía de Jesús. Es un período de pruebas para que el escolar “llegue a formar una síntesis de su formación espiritual, apostólica e intelectual que unifique su personalidad en el Señor” (NC 125). 
Para llevar a cabo esta etapa se insiste en la escuela del afecto desde un ejercicio mayor de oración y ejercicios humildes: “ejercitándose en cosas espirituales y corporales que más humildad y abnegación de todo amor sensual y voluntad y juicio propio y mayor conocimiento y amor de Dios nuestro Señor pueden causarle” (Ib.)

 

 
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