A un joven que quisiera ser jesuita yo le diría:
"Quédate en tu casa
si esta idea te pone inquieto y nervioso.
No vengas a nosotros si es que amas
a la Iglesia como a una madrastra
y no como a una madre;
no vengas si piensas que con ello
vas a hacer un favor a la Compañía de Jesús.
Ven si para ti el servicio a Cristo
es el centro de tu vida.
Ven si tienes unas espaldas anchas
suficientemente fuertes,
un espíritu abierto,
una mente razonablemente abierta
y un corazón más grande que el mundo.
Ven si sabes ser bromista y reírte con otros
y... en ocasiones, reírte de ti mismo"