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CONGREGACIÓN 
GENERAL 35


 DOCUMENTOS APROBADOS EN LA CG35:
 A la espera de una versión definitiva de los decretos,ofrecemos una breve explicación de su contenido.
 
  UN FUEGO QUE ENCIENDE OTROS FUEGOS: REDESCUBRIENDO NUESTRO CARISMA 
¿Porqué es necesario tener un nuevo documento sobre la identidad del jesuita? ¿No son suficientes los excelentes textos de las últimas Congregaciones Generales?

Creemos que el nuevo contexto en que vivimos nos pide nuevas aclaraciones. Se trata de un contexto Global; así que necesitamos actuar, ahora más que nunca, como un cuerpo universal con una misión universal.

Este contexto es el nuevo paisaje eclesial en el que las órdenes religiosas apostólicas han de ser redefinidas. Este contexto es la nueva fuerza que experimentamos a través del Santo Padre, mediante su empuje e invitación a trabajar con dedicación y rigor científico en el diálogo fe-cultura. Este contexto son las nuevas naciones a las que somos enviados – como el P. Nicolás dijo en su homilía el día después de ser elegido General – Naciones más allá de definiciones geográficas, que hoy incluyen aquellos que son pobres y desplazados, aquellos que están aislados y profundamente solos.

Un orden religiosa – como toda institución humana y cualquier persona – tiene que responder periódicamente a cuestiones del tipo: “¿quién eres tú? ¿porqué haces lo que haces? ¿porqué lo haces de esta forma?” Hemos intentado responder estas cuestiones de una forma que atraiga más que prescriba, que permita y genere esperanza más que ceñirnos a bien conocidos problemas, que traiga nueva luz a imágenes ignacianas fundamentales, más que usar lenguaje abstracto.

Hemos propuesto un texto que inspire a la Compañía a seguir avanzando por el camino, alcanzando a la gente cercana y aquellos que están en las fronteras. Estamos convencidos que la identidad Jesuita y la misión Jesuita están tan relacionadas y que si hablamos de una es inevitable hablar de la otra.

Nuestro carisma está vivo. Lo hemos redescubierto con agradecimiento y esperanza. Hemos experimentado esto en nuestra unidad-en-la-diversidad y en las agitadas mociones de los individuos y de la Congregación en los últimos dos meses. Jesucristo es el fuego en el corazón de nuestra identidad y nuestra misión, Él es “el fuego que enciende otros fuegos” (San Alberto Hurtado, SJ). Este fuego arde en nosotros cuando vivimos las polaridades típicas de Ignacio: ser y hacer, contemplación y acción, estar completamente unidos a Cristo y completamente insertados en el mundo con Él como un cuerpo apostólico.

Hans Zollner SJ
 
 
 

 
 DESAFIOS DE NUESTRA MISIÓN HOY. ENVIADOS A LAS FRONTERAS.

El decreto contiene varios temas clave: reafirmación de la misión de la Compañía, su nuevo contexto, relaciones Justas y reconciliación, y nuestra respuesta apostólica a los nuevos retos. También confirma las prioridades apostólicas globales de África, China, apostolado intelectual, casas inter-provinciales de Roma, y migrantes y refugiados.

En su primera parte, el decreto reafirma la misión de la Compañía articulada por la Congregación General 32 y desarrollada por las Congregaciones 33 y 34. Esta misión es el servicio de la fe, intrínsicamente ligada a la promoción de la justicia, y la dinámica relacionada con la proclamación inculturada del Evangelio y el diálogo con otras tradiciones religiosas.






Curia General 
de la Compañía de Jesús
Borgo Santo Spirito 4, Roma





 

En la sección del contexto, los temas clave son globalización, nueva cultura global, y las tensiones y paradojas en nuestras vidas que resultan de este nuevo mundo, incluyendo amenazas a la humanidad y nuestro medioambiente.

La congregación se apoya en la tradición profética y jubilar de la proclamación de las relaciones justas con Dios, con el otro y con la creación. El decreto desarrolla esta idea comprendiendo el de Jesucristo como reconciliación de Dios. Desde aquí, nuestra misión hoy envuelve la llamada a relaciones justas y reconciliación que en nuestra historia nos ha sacado de centros del mundo conocido a las fronteras de nuevos continentes y nuevas ideas. Este tema de “fronteras” utilizado por Benedicto XVI en su discurso a la Congregación, nos inspiró el título del decreto: “Desafíos para nuestra Misión hoy: enviados a las Fronteras.”

El decreto desarrolla los retos contemporáneos que tenemos los jesuitas hoy en tres líneas. Bajo la idea de relación con Dios están: hambrunas espirituales contemporáneas y la necesidad de nuevas formas de evangelización; subjetivismo cultural y relativismo como una oportunidad y reto al diálogo y proclamación; renovada búsqueda de significado y el valor de los Ejercicios espirituales en sus muchas formas, necesidad de diálogo inter-religioso en un contexto de fundamentalismo y erosión de las religiones tradicionales; y la importancia del trabajo pastoral con jóvenes en un mundo fragmentado.

En nuestra relación con los otros, el decreto incluye: la llamada a ver este mundo globalizado desde el punto de vista del pobre, aprender de ellos, y acompañarlos; la importancia de construir puentes a través de las divisiones sociales y la colaboración entre distintos ministerios; y la importancia de nuevas comunicaciones como vehículos de denuncia, educación y trabajo en red.

En la sección de nuestra relación con la creación están: el cuidado de la creación como aspecto crítico para nuestra relación con Dios y otros; el impacto que el daño al medioambiente está teniendo especialmente en los pobres; la importancia de la investigación medioambiental y denuncia junto con los pobres; y la predicación y enseñanza sobre nuestra alianza con la creación.

El decreto se cierra con un énfasis hacia la autenticidad de nuestra propia vida espiritual y comunitaria, encarnación de relaciones justas en nuestros trabajos, y el potencial de nuestra universalidad para mayor efectividad apostólica, como testigos de solidaridad para nuestro mundo.

Fred Kammer, SJ

 
 
 
   LA OBEDIENCIA EN LA VIDA DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS
Mientras que varias congregaciones generales han tratado temas relacionados con la obediencia, la última vez que una congregación publicó un decreto sobre esta cuestión fue en la CG 31 en el año de 1966. El Concilio Vaticano II acababa de terminar y nosotros comenzábamos a responder al llamado del Concilio a la renovación de nuestra vida Jesuítica desde dos fuentes: las Sagradas Escrituras y el Carisma de nuestro fundador. Dicha renovación ha madurado, por lo que el decreto sobre obediencia de la CG 35 comienza con una reflexión de lo que tanto la experiencia de los Primeros Compañeros como la figura de Jesús en las escrituras nos enseñan sobre obediencia Jesuítica.

El decreto continua situándonos en la escena contemporánea. En el tiempo de la CG 31, nos preguntábamos cómo asegurar que las estructuras que sostienen al cuerpo de la Compañía no asfixien la creatividad individual. La situación ha cambiado en estos cuarenta años. Ahora muchos nos preguntamos cómo asegurar que los esfuerzos individuales sean integrados en la misión del cuerpo. El decreto sugiere que tanto la cuenta de conciencia como las estructuras renovadas de la vida comunitaria son esenciales para lograr el balance deseado.

Si observamos la historia de la Compañía encontraremos que siempre hemos entendido nuestro rol de servicio en la Iglesia en relación con el papado. Por lo tanto, el decreto nos ofrece algunas reflexiones sobre como vivir hoy nuestra relación de obediencia con el papado especialmente con respecto a nuestra misión en el sentido más amplio de la palabra.

Antes de que se comenzara a elaborar el decreto, grupos de discusión de delegados señalaron algunas áreas de nuestra vida de obediencia en la Compañía en donde percibían se necesitaban palabras de consejo o recordatorio. En respuesta, el decreto termina con algunas reflexiones sobre la obediencia en nuestro diario caminar dirigidas a Jesuitas en formación, Jesuitas ya formados y superiores.

P. Tom Feely, SJ
 
 
 
 
  GOBIERNO AL SERVICIO DE LA MISIÓN UNIVERSAL


Somos conscientes de cómo las transformaciones actuales del mundo afectan al contexto en que se desarrolla nuestra vida como Jesuitas. La Iglesia tiene que afrontar hoy un nuevo contexto globalizado con grandes retos transnacionales y multiculturales. En este contexto, la llamada a desarrollar una mayor colaboración como Compañía Universal suena con nueva intensidad. Debemos renovar nuestra forma de gobierno para responder a estos retos, pero de forma que siga siendo auténticamente ignaciana.

El decreto subraya el rol de los superiores locales en tanto que portadores de la responsabilidad apostólica de su comunidad (el decreto hace referencia aquí a las Normas Complementarias propuestas por la Compañía en la Congregación General 34). El documento invita a las provincias y regiones a un nueva apertura a la dimensión universal de nuestra misión. También se define la manera en la que las conferencias de superiores mayores pueden contribuir a la misión, y especifica las modalidades en que los presidentes de estas conferencias pueden asumir sus responsabilidades (sin tener que jugar en un terreno intermedio entre el Padre General y los Provinciales o Superiores regionales). Además, el decreto hace una llamada a la evaluación de la forma de funcionar la Curia. Finalmente, se urge a una evaluación de los procedimientos usados para la preparación y el proceso de las Congregaciones Generales, que debería llevar a cambios en el documento llamado Fórmula de la Congregación General.

La organización del documento es en referencia a la misión. La idea es, usando el título del decreto, desarrollar “un gobierno al servicio de la misión universal.”

P. Antoine Kerhuel, SJ

 
 
 
 
  COLABORACIÓN EN EL CENTRO DE LA MISIÓN  
  En 1995, la Congregación 34 estableció un decreto titulado “Colaboración con los Laicos en la Misión.”

Ciertamente, los jesuitas no habían estado esperando al decreto para comenzar la colaboración de distintas formas, ya fuera uniéndose a otros en su misión o pidiendo a gente cooperar con la misión de la Compañía. El decreto de la GC34 intentaba movilizar a los jesuitas de todo el mundo, haciendo de la colaboración con otros una de las dimensiones esenciales de nuestro modo de proceder.

Hoy, en el año 2008, la Congregación General 35 quiere confirmar esta dimensión con otro decreto, que se ha dividido en dos secciones. La primera sección intenta expandir el impulso dado por la anterior Congregación, en tanto que nuestra colaboración con otros no se refiere necesariamente a los laicos, sino también a gente de otras religiones, hombres y mujeres de buena voluntad que quieran trabajar por un mundo en el que predomine la paz y la justicia.

La segunda sección de este decreto da algunas instrucciones sobre cómo proceder en esta colaboración. Estas instrucciones se refieren a tres campos en los que la puesta en práctica del decreto de la anterior Congregación presentó algunos problemas:
1) ¿Cuáles son las características de una obra de la Compañía? ¿Qué ocurre cuando la obra no es dirigida por un jesuita?
2) ¿Cómo pueden los jesuitas y sus colaboradores ser formados en orden a profundizar, espiritual y prácticamente, en la misión que comparten?
3) ¿Cuáles son los lazos que la Compañía necesita establecer con algunas personas? ¿cuáles son las redes apostólicas y espirituales que necesitan ser desarrolladas a nivel nacional o internacional de cara a tener una colaboración más fructuosa?

Dando algunas respuestas y recomendaciones, la Congregación General 35 desea que la Compañía de Jesús acepte con gratitud la gracia que ha recibido través de una más profunda colaboración en la misión. La iglesia, así como el mundo, lo necesita de veras!

Thierry Lamboley SJ
 
 
 
 
   CON UN NUEVO IMPUSO Y FERVOR  

La CG35 ha estado enmarcada por dos manifestaciones de profundo afecto del Santo Padre, la carta del día 10 de enero y la audiencia del 21 de febrero. A semejanza de Ignacio y de sus primeros compañeros, allí estábamos los 225 Congregados, con nuestro P. General Adolfo Nicolás a la cabeza, como CG de la Compañía de Jesús, para ser acogidos por el Vicario de Cristo y escuchar, con apertura de corazón, sus indicaciones sobre nuestra misión. Fue una densa y conmovedora experiencia espiritual.

En su alocución, el Papa Benedicto XVI demostró abiertamente su confianza, cercanía espiritual y aprecio profundo hacia la Compañía de Jesús, con palabras que nos han llegado al corazón, impulsando e inspirando nuestro deseo de servir a la Iglesia en este mundo marcado por “numerosos y complejos desafíos sociales, culturales y religiosos”.

A la luz de estos dos acontecimientos recibe nueva claridad la ardua tarea de la CG. De hecho, concluida la elección del Prepósito General, la mayor parte de nuestros trabajos se concentró en temas que afectan nuestra identidad, vida y misión. Como es su deber, la CG auscultó con cuidado la situación de nuestro cuerpo apostólico para poder dar orientaciones que alienten y hagan crecer la calidad espiritual y evangélica de nuestro modo de ser y proceder, ante todo nuestra íntima unión con Cristo, “secreto del auténtico éxito de nuestra vida apostólica y misionera”.

Este esfuerzo de honestidad total con nosotros y delante de Dios tuvo mucho de la

experiencia de la primera semana de los Ejercicios Espirituales: nos ayudó a descubrir y reconocer nuestras debilidades e incoherencias, pero también la profundidad de nuestro deseo de servir; y exigió de nosotros una revisión de nuestras actitudes y modo de vivir.
 

Sin embargo, esta experiencia no podía perder de vista la perspectiva que la justifica: nuestra misión. De hecho, el paso de la primera a la segunda semana de los Ejercicios consiste en un cambio de perspectiva: el ejercitante experimenta que toda su vida ha sido abrazada por la misericordia y el perdón, y deja de mirarse para pasar a ‘contemplar’ a “Cristo, Rey eterno, y delante de él todo el universo mundo al cual y a cada uno en particular llama”. Somos en verdad “pecadores y, sin embargo, llamados a ser compañeros de Jesús como lo fue Ignacio”.

Ese fue, en los Congregados, el efecto espiritual del discurso del Santo Padre en la audiencia del día 21. Al dibujar ante nuestros ojos, con profundo afecto, una visión dinámica de nuestra misión y servicio a la Iglesia, parecía decirnos: volved la mirada hacia el futuro “para responder a las expectativas que la Iglesia deposita en vosotros”.

 
 
 
 
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