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El Evangelio del Domingo

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17 AGOSTO 2014

20º Domingo tiempo ordinario

por José Antonio Jauregui sj     Versión pdf

DOMINGO 20 T.O.A.

            En el evangelio de este domingo la Iglesia se enfrenta cara a cara con el problema de su propia identidad. En el fondo de este evangelio se percibe una crisis de identidad debida a la pretensión de universalidad de la Iglesia. Esta pretensión, hecha realidad en una Iglesia establecida sobre judíos y paganos convertidos, va unida a la conciencia de ser el verdadero Israel de Dios. Todo el ambiente exterior la cuestiona, ante todo la vecina Sinagoga de los judíos. ¿Cómo puede pretender ser el verdadero Israel de las promesas de Dios una institución establecida sobre paganos convertidos al Cristianismo y aceptados sin circuncisión en una Iglesia que vive al margen del Templo y de la Ley mosaica? Esta confrontación del Cristianismo primitivo con la Sinagoga puede rastrearse claramente en los cuatro evangelios, más agudamente aún en la obra de san Lucas y en el cuarto evangelio. Las respuestas de los evangelios a esta acuciante pregunta ante la que se ventilaba el ser o no ser de la legitimidad de la Iglesia de Cristo van por distintos caminos. La respuesta de san Mateo presenta una solución dialéctica compleja. Esta complejidad se manifiesta en el evangelio de hoy. Por una parte dice Jesús claramente que ha sido enviado exclusivamente a las ovejas descarriadas del pueblo de Israel. Esta expresión podría referirse a aquellas ovejas de la casa de Israel que están perdidas. Pero más bien parece decir que Jesús ha sido enviado a las ovejas descarriadas que constituyen toda la casa de Israel. En cualquier caso Jesús con esta frase rechaza expresamente a los gentiles fuera de su misión personal y en consecuencia no puede acceder a la petición de la mujer siro-fenicia por ser una mujer pagana que cae fuera de la economía de salvación encomendada a Jesús. Llega incluso a rechazar a la mujer llamándola con el grave insulto que los judíos dedicaban a los gentiles: “No se puede echar a los perros el pan de los hijos”. Pero ante la actitud humilde y creyente de la mujer: “Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos” le concede el milagro de la curación de su hija en virtud de la fe de la mujer: “Mujer, qué grande es tu fe; que se cumpla lo que deseas”. El evangelista no ve en esta actitud de Jesús una desobediencia respecto del plan encomendado a él por Dios, sino una anticipación excepcional de un proyecto divino que el evangelista reserva para el final del evangelio cuando Jesús resucitado se aparezca a sus discípulos y les interprete el sentido completo del misterio de la resurrección encomendándoles la misión evangelizadora universal: “Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id  y haced discípulos de todas las gentes bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. Este mandato misionero de Jesús resucitado a sus discípulos representa una oposición dialéctica entre la actitud particularista de Jesús durante su vida entregada exclusivamente al pueblo de Israel y la   misión universal encomendada a sus discípulos después de haber sido entronizado en los cielos y haber recibido todo el poder sobre el cielo y la tierra. El evangelista ve en el milagro salvador de Jesús a ruegos de la mujer cananea  un signo que anticipa a modo de excepción lo que será un proyecto querido por Jesús resucitado en su aparición a los discípulos. Y en este sentido anticipado el milagro de Jesús viene a dar un sello de legitimidad a la situación de la Iglesia de san Mateo establecida ya sobre paganos convertidos. El milagro anticipado de Jesús viene a ser un signo de que la Iglesia admite legítimamente a los paganos por la fe y el bautismo.

             Esta conciencia de identidad de la Iglesia con el verdadero Israel de Dios se expresó pronto en dos afirmaciones antagónicas. Por una parte, la de la voluntad de “Dios que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (1 Tim 2,5) y por otra parte, la salvación ligada a la confesión de Jesucristo “el único mediador entre Dios y los hombres” (1 Tim 2,5). Así como no hay más que un solo Dios, así también no hay más que un solo Salvador: Cristo. Y también, como rezan los Hechos de los Apóstoles: “No se nos ha dado a los hombres ningún otro nombre debajo del cielo para salvarnos” (Hch 4,12). El derecho a la legitimidad surgido de la crisis de identidad se convirtió en pretensión de absolutez. Con el paso de los tiempos la fórmula de Cipriano de Cartago “Fuera de la Iglesia no hay salvación”, aislada de su contexto histórico, hará fortuna y se convertirá en una especie de axioma de alcance más general. Llegará incluso a adquirir carácter oficial en el concilio de Florencia (1442) que hace de la pertenencia a la Iglesia una condición necesaria para la salvación.

            La crisis de identidad de la Iglesia actual tiene que enfrentarse a una cuestión fundamental: ¿Qué puede significar hoy la propuesta cristiana en el mundo actual? ¿Sigue acaso de actualidad? Una respuesta a estas preguntas requeriría un tratado amplio que excede obviamente los estrechos límites de una homilía dominical. Ciñéndonos al mensaje evangélico de hoy, podemos decir citando a J. Delumeau que “el cristianismo ha aportado   una nueva imagen de Dios y ha establecido nuevas relaciones entre Dios y los hombres. Sigue en vigor para los cristianos de hoy que Jesús hizo realidad lo que los profetas del A.T. habían anunciado respecto al Mesías. Jesús no quiso romper la alianza del Sinaí sino hacerla universal.  Los autores del N.T.,  releyendo la enseñanza de Jesús a la luz de la resurrección, comprendieron y anunciaron que su maestro había proclamado un mensaje radicalmente nuevo. El pueblo elegido vino a ser la humanidad entera. Ya existía un molde universalista en el judaísmo. (Lo revela la primera lectura de Isaías). Pero Jesús y sus discípulos le dieron una dimensión insospechada, confiriéndole el estatus de novedad histórica, la que necesitamos más que nunca en la era de la globalización”.

Bilbao, 17 de agosto de 2014

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