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El Evangelio del Domingo

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17 abril 2014

Viernes Santos

por José Antonio Jauregui sj     Versión pdf

 

PASION SEGÚN JUAN

             Después de la lectura de la Pasión la asamblea eclesial guarda silencio, el mismo silencio con que escucha  reverente las palabras de la consagración en cada Eucaristía. Es la reacción respetuosa, estremecida del hombre ante lo misterioso. Lo decía poéticamente Antonio Machado  "La Palabra ha hablado, poetas, callad".

            El silencio de hoy recuerda la reacción escandalizada con que los primeros creyentes aceptaron el misterio inasimilable y estridente de la crucifixión de Jesús, en quien habían visto al  esperado Mesías, al Rey de Israel.  No resultaba nada fácil seguir creyendo que fuera el Ungido del Señor un maldito, colgado de un palo (Deut 21,22).

            Mucho tuvo que reflexionar la Iglesia de aquellos comienzos para dar solidez a su fe en Jesús crucificado Mesías y Señor, Hijo de Dios. En las descripciones de la Pasión recogidas en los Evangelios se pueden rastrear las huellas de esta larga reflexión eclesial.  Una de ellas es la antigua interpretación que puso en relación el sacrificio de Isaac con el sacrificio de la cruz.  Se fue imponiendo esta relación gracias al descubrimiento del Codex  Neofiti  I, que comprende material contemporáneo de los primeros años de la era cristiana. Hay ahí una frase que permite concluir que el tema de la "atadura" de Isaac era ya bien conocido por los autores del Nuevo Testamento que se inspiraron en ella (Hebr 11,17-19; Rom 8,32; Eph 5,2). La teología judía insistía mucho en la libre decisión con la que Isaac se ofreció al sacrificio. Según esta teología, Isaac era ya un hombre de 37 años y él mismo se ató para ser inmolado. Asimismo en el conjunto del evangelio según san Juan el Hijo único, entregado a la muerte, es el Cristo elevado a la cruz quien, a las órdenes del Padre, renuncia a su vida para volverla a tomar (10,17s); y habiendo aceptado el cáliz que le ofreció su Padre, se dejó atar por los soldados romanos y los guardias judíos (18,12). El evangelista puso de relieve un dato de la fe cristiana - inconcebible e inaceptable para la fe judía - proyectándolo sobre el trasfondo en el que los judíos podrían reconocerlo y aceptarlo. Mostrar a escala mundial cómo Jesús, dejándose crucificar, había llevado a cumplimiento la figura concretizada en la persona de Isaac, era hacer asimilable, dentro de lo posible, al espíritu de los judíos el misterio insondable de la cruz.   

            Lo curioso y paradójico de esta argumentación es que nuestra generación actual acepta e incluso se detiene morosamente en los detalles horrorosos de la crucifixión de Jesús, como lo ha demostrado el éxito taquillero de la reciente película de Mel Gibson sobre la pasión - 370 millones de dólares solo en EE.UU. -  y no puede soportar la idea de un sacrificio de un inocente como Jesús por los culpables.

            Por eso es de justicia añadir que si san  Juan, el más sutil de los cuatro evangelistas, quiso sugerir el sentido sacrificial de la muerte de Jesús, lo hizo de un modo altamente sublimado sin detenerse en el aspecto doloroso de la Pasión. Más bien, como observó ya Alfred Loisy: "La pasión está contada desde el punto de vista de la gloria de Cristo:  Jesús es glorificado en la muerte". Lo demuestra  la escena del Calvario. En lugar del grito desgarrador de Jesús moribundo "Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado?", las palabras que Jesús dirige a su Madre y al discípulo amado son expresión de la fundación de la Iglesia en la que se realiza la bendición de Dios para todos los tiempos sobre su Hijo predilecto. Pero también las escenas sugestivas del Ecce Homo y del Ecce Rex vester, que no presentan paralelo en los otros evangelios.

            En la declaración de Pilato "He aquí al hombre", Juan, con su característica ironía, parece darnos a entender que Jesús es el hombre primordial, el Hijo del Hombre de la profecía de Daniel (7,13). Este hombre Jesús, en su debilidad e impotencia, es quien posee el poder de soberano juez, "porque es el Hijo del Hombre" (Jn 5,27).

            En la segunda entrevista de Jesús con el procurador, Juan presenta la escena del Litóstrotos como un cuadro de apoteosis. Con la misma ironía dentro de un marco  casi litúrgico, Pilato declara  solemnemente ante los judíos: "He aquí vuestro Rey". Esta escena evoca la doble función ejercida por Jesús como rey y como juez. El pueblo judío lo rechaza. "No tenemos más rey que al César". Paradójicamente en este momento se realiza  el juicio por el que los judíos se autoexcluyen  del pueblo de las promesas. El proceso ha terminado.  Pilato les entrega a Jesús para que lo crucifiquen. Bien entendido que Juan contempla el momento de la elevación de la cruz como el cumplimiento de la exaltación gloriosa de Jesús. “En el momento en que sea exaltado de la tierra, atraeré a todos hacia Mí” (Jn 12,32). Desde esta perspectiva se hace posible entre nosotros aquí y ahora el cumplimiento de la profecía  de Zacarías citada por el evangelista “Mirarán al que traspasaron”

 

Bilbao, 18 de abril de 2014

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