Reflexiones para la Eucaristía dominical - Ciclo C

     
 

José Enrique Ruiz de Galarreta

 

Hermann Rodríguez Osorio

      José Antonio Pagola
   
   
 

P.  José Enrique Ruiz de Galarreta, S.J.

 
     
 

Tercer domingo de Cuaresma
7 marzo 2010

  Documento 

 

Nosotros tenemos la tendencia a pensar que estamos salvados porque hemos tenido suerte,
porque Dios nos ha querido más que a otros, porque estamos bautizados, porque tenemos
el modo de que se nos perdonen los pecados... Son todo cosas exteriores, que nos vienen de fuera,
que no suponen nuestra conversión. Pero pertenecer a la Iglesia, conocer a Dios, participar 
en la Eucaristía... son la buena tierra, la poda, el riego, el abono de la higuera. Si no dan fruto,
no sirve para nada más que "para cansar la tierra". No estamos "salvados"; lo que estamos
es bien cuidados, bien abonados, bien podados, bien alimentados... en espera del fruto. 

 
     
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  P. Hermann Rodríguez Osorio, S.J.

Encuentros con la Palabra
Ciclo C - 2010

 
 


Tercer Domingo de Cuaresma – Ciclo C (Lucas 13, 1-9) – 
7 de marzo de 2010

Un hombre se fue a jugar cartas un viernes santo y perdió todo lo que tenía; 
volvió triste a su casa y le contó a su mujer lo que le había pasado. La mujer le dijo:
 «Eso te pasa por jugar en viernes santo; ¿no sabes que es pecado jugar en viernes
 santo? ¡Dios te castigó y bien merecido que lo tienes!» El hombre se volvió hacia su
 señora y con aire desafiante le dijo: «¿Y qué te piensa tu, que el que me ganó jugó
 en lunes de pascua o qué?»

Generalmente no vemos las cosas como son sino que vemos lo que suponemos que
 debemos ver. Estamos llenos de prejuicios y aplicamos nuestros esquemas para leer
 la realidad. Es imposible desprenderse totalmente de los prejuicios, pero por lo
 menos vale la pena estar atentos frente a ellos. La historia con la que comenzamos
 revela un prejuicio religioso, pero así como éste, hay miles de prejuicios políticos,
 raciales, culturales... Un prejuicio muy extendido es el que supone que detrás de lo
 que nos pasa está Dios castigándonos o premiándonos por nuestro comportamiento
 moral. Quién no ha pensado alguna vez que lo que le ha pasado, bueno o malo,
 tenía que ver con su comportamiento anterior. Dios no anda por ahí castigando y
 premiando a la gente. No podemos echarle la culpa a Dios de todos los males ni
 pensar que nos está premiando por portarnos bien.

Hace varios años en el atentado en el que fue asesinado el líder de izquierda José
 Antequera, Ernesto Samper también cayó gravemente herido. Samper comentaba,
 un tiempo después que, aunque pasó varias semanas al borde de la muerte,
 siempre supo que no podía morir así; que el que era un hombre creyente y pacífico,
 sabía que Dios no lo dejaría morir violentamente. A los pocos días salió un artículo
 de la esposa Guillermo Cano, que había sido director de El Espectador, y que fue
 asesinado unos meses antes por sus críticas a las mafias del narcotráfico. La 
señora le preguntaba al futuro presidente: «Si lo que usted dice es cierto, entonces 
mi esposo, que murió asesinado violentamente, ¿era un hombre violento que 
merecía esa muerte?» No se diga lo que se podría interpretar con respecto a la 
muerte de José Antequera en el mismo atentado...

Y así podríamos poner muchos otros ejemplos: los que se salvan de la muerte al 
caer un avión y atribuyen el milagro a la medallita que llevaban o a la oración que 
hicieron; y los otros que llevaban la medallita y rezaron también su oración, ¿qué? El 
caso más claro es el mismo Jesús; el hombre más bueno que ha producido la tierra; 
el hombre más santo, el hombre que vivió fielmente según la voluntad de Dios, ¿por 
qué murió como murió? Murió solo, abandonado de sus amigos, sintiéndose 
abandonado del mismo Dios...

Esto es lo que Jesús quiere explicarle a sus discípulos: “¿Piensan ustedes que esto 
les pasó a esos hombres de Galilea por ser más pecadores que los otros de su país? 
Les digo que no; y si ustedes no se vuelven a Dios, también morirán. ¿O creen que 
aquellos dieciocho que murieron cuando la torre de Siloé les cayó encima eran más 
culpables que los otros que vivían en Jerusalén? Les digo que no; y si ustedes 
mismos no se vuelve a Dios también morirán”. Cuando nos va mal no es porque 
hayamos jugado cartas en viernes santo; y cuando nos va bien no es porque 
hayamos jugado en lunes de Pascua. Lo que nos pasa es siempre una llamada para 
volvernos a Dios...


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Hermann Rodríguez Osorio, S.J.*
* Director del Centro Ignaciano de Reflexión y Ejercicios (CIRE)

 
     
   
  José Antonio Pagola

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