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Todos estamos comprometidos en la misión de Cristo, jesuitas, religiosos-as y laicos-as. Sin duda necesitamos muchas manos para acompañar a los hombres y mujeres de nuestro mundo roto pero digno de ser amado. Me parece muy sugerente la misión hoy de la Compañía , llamada a servir la fe, promover la justicia, y el diálogo con la cultura y otras religiones a la luz de la llamada profética a establecer relaciones justas con Dios, con los demás y con la creación. En la construcción de unas relaciones justas unos con otros me gustaría recoger la invitación “a mirar el mundo desde la perspectiva de los pobres y marginados, aprendiendo de ellos, actuando con ellos y a favor de ellos”. (CG34, D. 2, n. 27).
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De la homilia de toma de posesión
24 marzo 2008
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