
El famoso refrán que dice que “lo que mal empieza mal acaba” no siempre es verdad. La experiencia de la peregrinación a la Roma Ignaciana de los grupos 4 y 5 del Plan de Formación en Identidad y Misión empezó bastante mal gracias a que Iberia retrasó nuestra llegada a Roma en más de 8 horas. Una jornada intensa de aeropuertos que decidimos todos olvidar.Pero, gracias a Dios, no acabó así, nuestra estancia en Roma estuvo marcada por la acogida generosa de nuestros compañeros y compañeras de misión y por el traer a la memoria la vida de Ignacio y los primeros compañeros que inundaron cada uno de los rincones que vistamos.
El apostolado de la educación estuvo presente con la visita a la Gregoriana y al Pontificio Instituto Bíblico. Carlos Coupeau y Txema Ábrego fueron los anfitriones de nuestra incursión en estas instituciones que forman a cientos de religiosos, religiosas y laicos de tantas naciones. Sorprende ver la lista de insignes exalumnos y maestros.
Para conocer la forma como se organiza la Compañía y acercarnos a los desafíos a los que trata de responder la Compañía en los países donde estamos presentes le dedicamos dos mañanas a visitar la Curia General. Conducidos con gran amabilidad, cercanía y generosidad por Ina Echarte se nos fueron abriendo las puertas del aula de la Congregación General y, no sin emoción, nos trajo a la memoria el momento de la elección del Padre General y el mensaje del Papa Benedicto XVI. Su nudo en la garganta nos hizo sentir la importancia y la carga afectiva de ese momento y nosotros estábamos en ese lugar! Como un “bello” complemento, admiramos los mosaicos de Marko Rupnik en la Capilla de la Comunidad de Canisio y en la Capilla de la Curia y la estratégica terraza con vistas a San Pedro.
El acercamiento a los desafíos que tiene la Compañía Universal lo tuvimos en dos momentos, el primero con Amaya Valcárcel del Servicio Jesuita a Refugiados y el segundo con cuatro asistentes, Marcos Recolons (América Latina Meridional), Gabriel Ignacio Rodríguez (América Latina Septentrional), Antoine Kerhuel (Europa Occidental) y Jean-Roger Ndombi (África). Cada uno de ellos fue abriendo nuestros ojos y nuestros corazones a realidades complejas en las que la Compañía trata de aportar con sus obras: SIDA, culturas indígenas, cooperación para el desarrollo, pérdida de credibilidad de la Iglesia y un largo etcétera nos interpelaron y nos generaron muchas preguntas y muchos deseos de seguir aportando, desde nuestras propias realidades, a la misión de Cristo, de la Iglesia y de la Compañía.
Tres momentos se caracterizaron por su emotividad: el encuentro con el Padre General, siempre amable y dispuesto a recibirnos con cariño; la visita al archivo de la Compañía en la que no pudimos contener la emoción al tener tan cerca los manuscritos de San Ignacio y la máscara de cera original y la celebración eucarística en las camarettes donde, de alguna manera, cerramos el itinerario de estos cuatro años de formación.
No podemos dejar de mencionar el recorrido que hicimos con Carlos por los lugares que recorriera Ignacio y por los dos templos que hoy día exaltan su presencia en Roma, el Gesú y la Iglesia de San Ignacio; la visita al Centro Aletti donde Marko Rupnik y su comunidad internacional une las diferentes sensibilidades cristianas a través del arte y el recorrido por la necrópolis de San Pedro donde estuvimos a unos pocos metros de la tumba del apóstol.
Un sentimiento general ha quedado en quienes tuvimos la fortuna de hacer este peregrinaje: agradecimiento. Gracias a Dios, a la Compañía y a tantas personas que nos han permitido hacer este camino del Plan de Formación.
Los cuatro jesuitas que estuvimos en el viaje a Roma tuvimos unas experiencias adicionales que fueron todo un regalo de Dios. Primero, poder comer con el Padre General y otros compañeros de la Curia en un ambiente fraterno y cercano; segundo, una tarde espiritual “de compañeros” (junto con Ina y Patxi) en la Storta y la Basílica de San Pablo de los Extramuros, allí, en silencio, evocamos la visión de Ignacio y los últimos votos de los primeros compañeros. Un momento hondo y profundo. Finalmente, por sugerencia del Padre General y de Ina, tuvimos ocasión de presentarle nuestro Plan de Formación al recién elegido Secretario para la Colaboración ya que está muy interesado de conocer los pormenores de su inspiración y estructura.
El lunes 19, sin contratiempos de vuelos, llegamos de nuevo a casa con el corazón agradecido y con nuevos ímpetus para colaborar con la misión de Cristo.