Este año la oferta pastoral, para nuestros alumnos de segundo de bachillerato, ha sido la propuesta de vivir una Pascua diferente, ir más allá de nuestras fronteras físicas e incluso eclesiales y participar de forma intensa de la experiencia Pascual, en Taizé.Consideramos desde muchos ámbitos que la oferta de vivir experiencias en el extranjero acerca a nuestros alumnos al mundo globalizado en el que se tendrán que mover en un futuro inmediato.
Desde el ámbito Pastoral hemos querido ofrecer una experiencia internacional y a la vez profundamente ignaciana. Internacional porque nos ha unido a la vivencia más profunda del diálogo interreligioso, ecuménico e ignaciana porque ha impulsado la vida interior de todos los participantes, alumnos y profesores.
Por todo esto, nos hemos planteado la experiencia de la Pascua de Taizé que tiene una arraigada historia en Europa desde el Concilio Vaticano II , hasta nuestros días. Taizé es un pequeño pueblo situado cerca de Dijon, en este pueblo una comunidad de Monjes de muchas nacionalidades que preparan anualmente reuniones de índole ecuménico que reúnen a miles de jóvenes.. Hemos vivido días intensos, a nivel de convivencia, reflexión y de oración, dónde la lengua, la edad, ni la confesión cristiana a la que pertenecemos ha sido impedimento para vivir la experiencia profunda de la Pascua, La Pasión de Amor que Cristo vivió y vive por nosotros y con nosotros.
“Taizé, tiene algo que lo convierte en un lugar mágico difícil de explicar con palabras: es el ambiente de solidaridad, amistad, confianza,… Entrabas al baño o pasabas por una cabaña y había móviles, cámaras cargando sin ninguna vigilancia y las puertas no se cerraban y no pasaba nunca nada, allí se vive con un sentimiento continuo de paz y confianza; era una sociedad perfecta, que se acercaba mucho a la utopía. Además, partiendo de la idea del hermano Roger para fundar Taizé, todo funciona desde la unión de todas las personas que llegan cada semana. De ahí el lema de la campaña para los encuentros de jóvenes internacionales de éste año, que era: "nuevas solidaridades".
Otra cosa fascinante de Taizé, es que todo funciona gracias a los voluntarios. Cuando llegas te conviertes en voluntario y se te asigna una tarea, servicios tipo los de los campamentos, desde cocinar, servir la comida, fregar los suelos o recoger basura del suelo, pero nadie se queja, todos lo hacen con agrado, después de haber servido 3999 platos de lentejas, te seguían sirviendo con una sonrisa en los labios. Además en Taizé todo el mundo se siente respetado. Por ejemplo, había una fila de comida vegetariana, que una chica de nuestro grupo agradeció mucho. Éste respeto nace de la gran interculturalidad. En éste viaje nos encontramos con alemanes, italianos, chinos, portugueses, unos chicos de la Guayana francesa y otros de Myanmar.
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Si tuviera que describir uno de nuestros día en Taizé comenzaría con una ducha a las 7 de la mañana, la oración a las 8:15, medio dormidos: Allí las oraciones son muy especiales: se canta en muchos idiomas y se hacen lecturas, es muy bonito. Luego desayuno rápido y nos reuníamos cinco minutillos todo el grupo. A las 10 teníamos charlas con el hermano Maxime, sobre la Semana Santa, algunas parábolas,… Pero lo bueno de Taizé es que no estabas obligado a hacer nada; tenías total libertad para escoger a qué querías ir y a qué no. En éstas charlas luego reflexionábamos en grupos y nos mezclamos con alemanes, italianos, franceses; estaba muy bien ver sus puntos de vista. Antes de comer teníamos otra pequeña oración, luego a las 3 tocaba trabajo, limpiar baños o recoger basura. A partir de aquí las actividades de las tardes fueron variando: charla, talleres, música, religión… Finalmente, después de cenar teníamos oración a las 8:30 y el jueves Santo y el Domingo de Resurrección hubo eucaristía. Testimonio de Adriana |