Los políticos y los medios de comunicación muestran al extranjero que llega como una amenaza tanto para la seguridad pública como para la identidad cultural. A menudo obvian las contribuciones positivas hechas por los refugiados y los inmigrantes al desarrollo económico y cultural de las naciones de acogida. Se olvidan de que los refugiados son personas desplazadas por la fuerza, que se vieron obligadas a abandonar sus hogares. Por ello, los países en desarrollo tienen que responsabilizarse de acoger al 80 por ciento de la población mundial de refugiados.
Los políticos y los medios de comunicación muestran al extranjero que llega como una amenaza tanto para la seguridad pública como para la identidad cultural. A menudo obvian las contribuciones positivas hechas por los refugiados y los inmigrantes al desarrollo económico y cultural de las naciones de acogida. Se olvidan de que los refugiados son personas desplazadas por la fuerza, que se vieron obligadas a abandonar sus hogares. Por ello, los países en desarrollo tienen que responsabilizarse de acoger al 80 por ciento de la población mundial de refugiados.Sin embargo, algunos países han demostrado que es posible aceptar más refugiados dentro de sus fronteras. El pasado mes de marzo, el gobierno ecuatoriano inició un proceso de regularización de la situación de más de 50.000 refugiados colombianos no reconocidos hasta ahora. Un mes después, Sudáfrica anunció la adopción de procedimientos para ofrecer protección temporal a más de un millón de zimbabuenses que han huido de sus hogares.
Tras una década de medidas cada vez más draconianas para hacer frente a la inmigración forzada, no sólo no se ha reducido el número de refugiados en el mundo, sino que se ha intensificado el sufrimiento de los más vulnerables. Cerrar los ojos a la realidad de los refugiados compromete los principios de justicia y solidaridad que cimientan las sociedades libres. Al abrir nuestros corazones a su sufrimiento nos obligamos a acoger al extranjero.
El JRS trabaja en más de 50 países de todo el mundo. Cuenta con más de 1.000 empleados entre laicos, jesuitas y otros religiosos y religiosas para dar respuesta a, entre otras, las necesidades de educación, salud y prestaciones sociales de 500.000 refugiados y desplazados, de los cuales más de la mitad son mujeres. Ofrece sus servicios a los refugiados independientemente de su raza, origen étnico o confesión religiosa.
Más información en www.alboan.org
